22/4/17

RESEÑA #82: EL DIARIO DE BRIDGET JONES


RESEÑA #82: EL DIARIO DE BRIDGET JONES

¡Hola, hola, hola!

  ¿Qué tal han ido las vacaciones? ¿Disfrutando del último fin de semana? Yo la verdad es que no puedo quejarme. Después de unas semanitas de un poco de descontrol, por fin todo en orden. Sí, sí. Incluso me ha dado tiempo de leer un libro, en estos días. Hablando de libros… ¡Qué ganas de que sea domingo! No veo la hora de romper el papel y encontrarme una joyita – sí, tengo plena confianza en que será una joyita y no un disgusto –; pero, contadme, ¿habéis pensado ya que libro regalaréis? ¿Os haréis un auto-regalo?

 No os molesto más… ¡Dentro reseña!

Ficha técnica


Título: El diario de Bridget Jones
Autora: Helen Fielding
Editorial: Booket
Número de páginas: 352
ISBN: 9788408121893
Precio: 17,00€
Sinopsis

Bridget Jones es un personaje icónico que dio origen a todo un género: una treintañera, soltera y de hábitos poco saludables que comienza a escribir un diario personal. En la primera página, detalla una lista de buenos propósitos para, según ella, convertirse en una mujer adulta y responsable preparada para encontrar a su príncipe azul. Pero, por mucho que Bridget se empeñe, en las peripecias del día a día y en sus relaciones personales seguirá siendo la misma chica, sensible e inocente, inoportuna y patosa pero, ante todo, entrañable y muy, muy divertida.
Tras su publicación, y más tarde con la adaptación cinematográfica protagonizada por Renée Zellweger, Hugh Grant y Colin Firth, El diario de Bridget Jones supuso un éxito mundial, con más de quince millones de ejemplares vendidos.

Mi opinión

 Los propósitos de año nuevo son algo así como el eterno pendiente de todo el mundo. Fumar menos, dejar la bebida, perder peso, ser feliz con pocas cosas y una infinita sucesión de cosas que, aunque sabemos que no vamos a cumplir, incluimos para sentirnos bien. Así es cómo Bridget, nuestra protagonista, inicia su diario. Una lista de cosas que sí debe hacer y una lista con lo que no debe hacer. ¿Y lo consigue? Bueno, primero vamos a ver qué clase de persona es nuestra Bridget.
 La verdad, la pura realidad, es que Bridget Jones es una mujer desgraciada – las cosas como son –. Su vida es un completo desastre, pero no por el hecho de que esto sea realmente cierto, sino porque ella, nuestra Bridget, no se quiere a sí misma. Así, nuestro pequeño desastre está locamente enamorada de su jefe, Daniel Cleaver, un completo capullo, si me permitís la expresión. Ojo, no digo que el personaje sea horrible, ¡todo lo contrario! Está tan bien confeccionada su personalidad destructiva que no pude más que alabar el trabajo de Helen Fielding. No es fácil construir a un monstruo y mostrar sus claroscuros, ¿no creéis?
 A parte de su amor imposible, nuestra protagonista empieza a ser testigo de cómo la relación de sus padres se viene abajo. Y no sólo eso. En la fiesta de año nuevo tiene la desgracia de ir a un bufé en el que, ¡sorpresa!, conoce a Mark Darcy, un soltero de oro que no podría ser más estirado ni aunque se entrenase cada día – aunque es posible que lo haga, quién sabe.
 ¿Algo más? Oh, esto sólo es el principio. Jones quiere perder peso, quiere dejar de fumar y quiere dejar de beber como si no hubiera un mañana; porque, ¡atención!, la tía se pimpa una de alcohol que ni yo en mis mejores noches.
  No voy a mentir, yo no me veo reflejada en Bridget Jones. Quiero decir, no puedo concebir que alguien sea tan sumamente desgraciado – y eso que a todas y todos nos pasan cosas muy fuertes, a veces –, pero, lo que es más importante, no concibo que alguien cambie de humor tan de repente. Me explico. Nuestro pequeño desastre se pasa el día lamentándose por no ser atractiva, por no lograr la atención de Daniel – el muy desgraciado –. Esto no me molestaría de no ser por el hecho de que, igual que dice lo expresado anteriormente, pasa a un estado de absoluta euforia. Se considera a sí misma una diosa, luego poco más que una colilla. ¿Entendéis ahora por qué me ponía tan nerviosa?
 Pensaréis que he odiado el libro. Nada más lejos de la verdad. En mi humilde opinión, Helen Fielding ha hecho un trabajo muy bueno, con esta novela. Por una vez, no se nos presenta una chica despampanante, una de esas que no sabe que es guapa a dolor. Bridget Jones no es tímida en las relaciones, no es de esas que se ruborizan cuando cuentan a sus amigas que ha echado un polvo – algo que, a mi juicio, es maravilloso; porque la vergüenza era verde y se la comió una cabra –. Es por eso, y por muchas otras cosas que comentaré con más detalle, que Bridget merece una oportunidad. Eso sí, amigas y amigos, armaros de paciencia.
 Tras el nuevo comienzo de año, algo sucede. Daniel Cleaver empieza a mandarle correos de contenido que nada tiene que ver con el trabajo y, loca de alegría por tener la atención de su jefe, nuestra protagonista se enfrascará en algo que, con suerte, tal vez termine siendo una relación. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce.
 ¿Qué hay de ese abogado estirado, Mark Darcy? ¿Por qué parece odiar a Daniel? ¿Y qué pasa con Cleaver? ¿Es qué lo único que sabe hacer es echarse unas risas a costa de Bridget?

 Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

 Si soy sincera, el formato del libro no es el mejor. Hablo desde la más absoluta de las subjetividades, porque yo nunca he mantenido un diario más de dos días. Supongo que es una cuestión de gustos – incluso de constancia –, pero exponer cosas tan personales como las que Bridget nos muestra sería maravilloso si realmente existiera. Vamos a poner un ejemplo, para que entendáis mi punto de vista. Si cualquiera de mis amigas tuviera un diario, para mí sería muy sencillo cogerlo, violar su intimidad y hacerme una idea clara de todo. Ahora bien, si leo sobre una persona a la que no conozco de nada o, como en este caso, un personaje de libro; necesito muchos más datos.
 Tras mi queja, quiero pasar a comentar dos aspectos más que, al menos a mi juicio, merecen atención. Me considero feminista, muy feminista, de hecho; y, pese a todo, no he podido congeniar del todo con Sharon. El caso es que esta chica, más que feminista, es una embrista de tomo y lomo – asumo que sobra aclarar la diferencia entre ambos términos –. Aprovecho la reseña para decir que todos somos iguales. Yo no quiero tratos especiales por tener vagina, amigas y amigos, con ser una persona más tengo suficiente.
 Mi otro comentario irá referido al mejor amigo de Bridget. Me gusta el hecho de que no sea uno de esos personajes tremendamente estereotipados a pesar de ser gay. Recuerdo la primera vez que vi Sexo en Nueva York, por aquel entonces yo tendría unos doce o trece años y quedé totalmente deslumbrada con Stanford, el amigo gay de Carrie. ¿Por qué? Pues porque lo enfocaban como una de esas “locas” que, sintiéndolo mucho, a mí me ponían un poquito histérica. Así que aquí rompo una lanzar a favor de Helen Fielding. Tom es un personaje maravilloso, el amigo que toda persona querría tener. Sin prejuicios, con una solución para todo. Fuerte y débil al mismo tiempo.
 Tal vez lo que más me molestó fue la relación que se establece entre Bridget y Daniel; y esto, que conste, no lo digo por el hecho de que él le diga cosas como “foca frígida”, etc.; sino por el hecho de que él no la quiere y lo deja bien claro en todas y cada una de sus asquerosas acciones. Veamos, ¿qué clase de “novio” – permitid que me ponga un poco escéptica con la palabra – no quiere salir de casa con su “novia”? ¡Dios le libre de que los vean juntos por la calle! ¿Y qué clase de novio te deja tirada en el último momento para ir a una fiesta? Ya os lo digo yo, un novio de mierda. Porque sí, porque Daniel será ocurrente, mordaz e incluso divertido; pero no es más que un saco de prejuicios. ¿Y qué, si Bridget no está delgada? ¿Y qué, si ella no siente vergüenza de ir a una fiesta disfraza de conejito? ¡Es valiente, maldita sea!
 Mark Darcy tampoco fue plato de mi agrado, a lo largo de la novela. Me pareció una persona reprimida, demasiado introvertida. Alguien que necesita la aprobación de su familia, alguien que se deja mangonear. Debo decir, muy a mi pesar, que su actitud viró drásticamente en la recta final. Su comportamiento para con su familia así como Bridget fue valiente, muy valiente.
 No puedo olvidar a la madre de nuestra protagonista, por supuesto. Lo creáis o no, no llegué a odiarla. Entendía que estuviera harta de su matrimonio, sus razones tenía, la mujer; aunque sí debo decir que no fue demasiado sensato, por no decir absolutamente estúpido, dejarse llevar por su amante. Ahora bien, si queréis saber más sobre ella, tendréis que leer el libro.
 Poco más que decir. No creo que sea un libro de lectura obligatoria, ni siquiera algo que haya que leer para adaptarse al género romántico. No hay palabras de amor, realmente; ni siquiera confesiones desgarradoras o dramas. Pese a ello, yo os invito a que le deis una oportunidad. Los prejuicios, así como el egoísmo, la amistad y la familia impregnan las páginas de esta novela; ¿de verdad os lo vais a perder?

Con todo, El diario de Bridget Jones es una novela facilita de leer; con personajes que arrancan sonrisas, con personajes que cabrean y, sobre todo, con situaciones surrealistas que arrancan más de una carcajada.

Nota: 3/5

Citas

(…)
-Sí, ¿cómo es que aún no te has casado, Bridget? – ha preguntado con una sonrisa Woney (que es como llaman los niños a Fiona, casada con Cosmo, amigo de Jeremy) con una ligerísima nota de preocupación en la voz, mientras se acariciaba la barriga preñada.
 Porque no quiero acabar como tú, que eres una vaca de leche gorda, aburrida y pretenciosa, le tendría que haber dicho, o Porque si tuviera que hacerle la cena a Cosmo y después meterme en la misma cama con él aunque fuera una sola vez, por no decir cada noche, me arrancaría la cabeza y me la comería, o Porque de hecho, Woney, debajo de la ropa tengo todo el cuerpo completamente cubierto de escamas.
(…)

(…)
-[…] Quiere que me vaya una temporada de casa, dice, y… y… – Ha vuelto a hundirse, lloriqueando en voz baja.
-¿Y qué, papá?
-Dice que yo pienso que el clítoris es un ejemplar de la colección de lepidópteros de Nigel Coles.
(…)

(…)
 Es como esta gente que se inventa una mentira como excusa, en verdad de la verdad, aunque decir la verdad sea mejor excusa que la mentira.
(…)

(…)
-¡Ay, va! ¡Ay, va! – decía, con los puños levantados como un boxeador –. Pienso en Elizabeth Hurley. Pienso cómo puede ser que dos meses después, todavía estén juntos. Pienso cómo puede ser que él no salga escaldado. ¿Cómo es que un hombre con una novia que está tan buena como Elizabeth Hurley hace que una prostituta le haga una mamada en una vía pública y encima se libra? ¿Qué ha pasado con aquella legendaria mala leche de la mujer despreciada?
 No me lo podía creer. ¿Y los contraministros de la oposición? ¿Y el proceso de paz? Era evidente que aquel hombre quería saber qué tenía que hacer él para poder irse a la cama con una prostituta sin sufrir las consecuencias.

(…)

16/4/17

Retazos #4: Personas valientes

Personas valientes

¡Hola, hola, hola!

 ¿Qué tal os ha tratado la semana? ¿Las vacaciones han ido bien? Yo las cogí el jueves y… ¡Qué ganas tenía!

 Esta vez no quería traer una reseña, ni siquiera un book-tag. Lo que quería era escribir algo que, al menos a mí, me ayudara a darle una buena patada en el culo a todos los problemas. Porque sí, porque los problemas dan asco y la vida es demasiado corta como para dejar que un puñado de estupideces nos quite el sueño. ¿Recordáis lo que dije sobre el tiempo? Pues que se jodan también los problemas.

 ¡Vamos a ello!
Personas valientes


 Érase una vez una Mentira, una Mentira con las patas muy largas; una Mentira que nada tenía que ver con las demás. Érase una vez una Mentira, no sólo con las patas muy largas, sino con los dientes afilados, los ojos vacíos y la lengua muy bífida.
 Érase un día cualquiera, una tarde como todas las demás, en las que ella creía ser la cobarde de los dos, la que ponía pegas a todo lo que él proponía. Érase una vez el único día bueno de todos los que habían revoloteado sobre sus cabezas, porque llegó la Mentira. El bicho de las patas largas, el animal de la lengua bífida.
 Érase una vez Alguien, Alguien lo suficientemente estúpido como para ingeniar un entramado de tonterías infinitas, todas ellas orquestadas por el Capitán de la Cobardía, la mano derecha de la Mentira.

 Érase una vez una Persona que había dejado de ser quién era, Alguien que sólo pensaba en objetivos absurdos, en complacencia, en mentiras disfrazadas de gestos altruistas. Érase una vez una Persona, Alguien… érase una vez un imbécil que, de tantas mentiras que decía, se quedó solo con el Capitán de la Cobardía y la estúpida Mentira.